domingo, enero 22

Cuento I

Sonaba de fondo una canción con voz de mujer y violines tormentosos. El viento golpeaba las cortinas violetas de Amelia, moviendo todos los papeles y libros en su habitación. Las fotos que colgaban en su pared bailoteaban, golpeándose entre sí e intentando huir de los pines que las aprisionaban en el corcho, queriendo ser libres y flotar como los recuerdos que evocaban, recuerdos de salidas a boliches con amigas, de tragos con otros amigos, del primer día que empezó la escuela y sus papás la acompañaron a la puerta del colegio, de su abuela teniendola en sus brazos y otra de ella muy sexy, artística, con un vestido negro y guantes, haciendo honor a Audrey Hepburn en Desayuno en Tiffany's en una fiesta de Halloween del conocido de alguien de la facultad. Ninguna foto de un hombre, porque ningún hombre formaba parte de su vida, llenando ese agujero que tanto podría satisfacerla pero nunca lo hacía. Porque los hombres podían ser sus amigos, geniales amigos de hecho, responsables de noches de bailar y risas, de tomar café y debatir sobre filosofía y chismeríos, con una perspectiva distinta a la cínica femenina, pero no había nunca, ninguno, ni un 0,1% que estuviera dispuesto a correr el riesgo por algo más. Porque eran todos unos cobardes, sin lo necesario para no fingir sus emociones ni demostrar lo que realmente sentían de entrada, en vez de fingir un interés que luego, eventualmente, se desvanecería.

Y eso que Amelia era una chica muy bonita, promedio 8,76 en la carrera de Ingeniería Nuclear, una increíble fotógrafa por hobby y además había salido en el puesto número 150 de una carrera donde corrieron 5000 chicas, furiosas, a toda velocidad, con los pelos al viento, probablemente huyendo de sus pensamientos, de malos recuerdos, de pésimas decisiones y de la influencia del mundo en sus espaldas todo el tiempo, las 24 horas del día los 7 días a la semana. Probablemente la mayoría de las personas con tantos logros a la temprana pero tardía edad de 24 años podría ser pedante o engreída, pero no era su caso; ser ligeramente insegura era uno de los defectos que tenía, además de dormir 5 horas al día y hablar muy rápido.
Pero no se trataba, ni se trató nunca sobre ser inteligente, ser simpática, interesante o incluso atractiva, ¿Verdad? Cualquiera pensaría que los hombres hacen largas filas para poder probar eso, pero no lo hacían; la mayoría gastaba el tiempo haciendo cola en el nuevo Wendy's de Cabildo o en jugar a la computadora. Y aquellos que lograban encontrarla en algún camino del azar, terminaban adorándola y dejándola, como quien comienza una nueva religión esperando un cambio milagroso en su vida.
Y no era la única, por supuesto. Cada vez que se juntaba con sus más queridas amigas, cada una poseedora de una belleza singular y estereotípica, saltaba siempre sobre la mesa y los Mojitos una nueva historia. ¿Recuerdan aquel chico aleatorio, que conocí de esa forma inusual y que aparentaba amarme y todas pensamos que era el cambio de mano, las nuevas cartas, el nuevo año o la nueva estación, dando algo nuevo que no teníamos, mostrando que sólo teníamos mala suerte, que estábamos equivocadas? Oh bueno nunca supe nada más de él, oh qué curioso. Ni siquiera me llevó a la cama. Decidió que quería dedicar su vida a coleccionar rocas o acostarse con su ex.
Amelia ya había tenido suficiente para una vida y no iba a permitir que otra vez se salieran con la suya. No lo hizo desde que tuvo en sus manos el poder, desde que prometió bajo la tormenta que no estaba dispuesta a compartir el planeta con la escoria masculina que tuviera el mal hábito de ir por ahí destrozando el corazón de otras personas, incitándolas a llorar, tomar helado en potes de kilo para sentirse mejor y rompiéndose el hígado para olvidar. Porque con ellos el mundo estaba podrido, y era hora de purificarlo; No era justo para las mujeres, musas de la naturaleza, ni para los pocos ejemplares que hubiera por ahí, libres, circulando. Su abuela le había enseñado, entre otras cosas, que mentir era uno de los peores pecados que existían, que todas las chicas son princesas y no tenía que dejar que nadie le hiciera creer lo contrario. Y ellos siempre, siempre empecinados en intentar demostrar lo contrario, en asesinar ilusiones y jugando a hacer lo contrario a sus palabras, pues bien, Amelia ya estaba cansada de eso.
Se paró frente al espejo de cuerpo entero, con los ojos brillando en la oscuridad de un color azul eléctrico. Tomó su lápiz de labios que guardaba para esas ocasiones, color "Beso de Chocolate", que combinaba con el lunar sobre sus labios y se lo pasó una y otra vez, hasta que quedó perfecto. Se acomodó el cabello, largo y con ondas feroces, y se calzó las botas negras, largas hasta las rodillas y tomó del perchero en la puerta su capa azul, que guardaba para esas ocasiones. Una última mirada a su reflejo, y estaba lista. Pollera y musculosa negras, de cuero, ajustadas al cuerpo, guantes hasta el codo negros, haciendo juego con sus botas y su capa, azul, larga hasta la mitad de sus muslos, ondeante como su cabello al viento.
Salió por la ventana y se asomó al balcón, el de su habitación, que daba a la tranquila calle de su barrio. Se paró sobre la cornisa y sin saltar, el viento la elevó por el aire, títere de su voluntad, y descendió apaciblemente sobre el césped, lleno de hojas naranjas caídas por el otoño, que corrían de un lado a otro, sabiendo que algo iba a ocurrir. Una vez en tierra firme, tomó carrera y dio un salto y se elevó por el aire, 2, 3, 5, 10 metros, y planeó junto al viento, con el pelo haciéndole el brushing mientras volaba, cruzando la Capital Federal, hasta encontrar la casa del portón rojo y descendió en línea recta, cayendo sobre sus pies, sin sentir el más leve dolor, ya que su cuerpo no se había lesionado. Porque perdió esa capacidad, al mismo tiempo que ganaba muchas otras, en aquel accidente de laboratorio hacía dos años, en el taller para Química Nuclear II, en la que la mezcla con la errónea proporción de cada ingrediente, la radiación y la falla en su traje especial que debía protegerla de cualquier cosa la dejaron inconsciente mientras el laboratorio se incendiaba y en observación por una semana, hasta que la dejaron ir a su casa con sus padres, muertos de la preocupación, porque nada había salido mal en los exámenes que le hicieron los mejores médicos del mundo y especialistas en Medicina Nuclear, quienes no sabían en qué había consistido el accidente ni cómo ella podía estar sana y salva después de todo. Y nunca supieron los cambios que ocurrieron en ella, cómo el fuego, el clima, la electricidad y los objetos podían moverse a su antojo, ni para qué ella utilizaba esas ventajas que la ADN Polimerasa le había dado.
Se paró frente al portón de su casa y, entrecerrando sus ojos brillantes, por la ira y la frustración, lo cual le daba mucho más poder, éste abrió sin ofrecer resistencia. Encontró su Fiat Duna rojo, durmiendo a salvo del viento y la lluvia y el peligro de descansar en la calle, el auto en el que él la besó cuando se ofreció a llevarla a su casa, como todo un caballero. Parecía ser distinto, porque ni siquiera se quiso aprovechar de ella. Insistió en verla nuevamente, la invitó a comer a Puerto Madero y que no quería apresurarse a la consumación física del amor porque ella *realmente* le interesaba. Seguro *realmente* le interesaba, lo demostró diciéndole por mensaje de texto que verse de vuelta ya no le interesaba porque "estaba confundido" y que quería ser su amigo nada más. Siempre era algo así. Si no era confusión, era él intentando acercarse a sus amigas en bares para usarlas por sexo, como hizo con ella. Si no era eso, era el pánico escénico de invitarla a salir y ni querer acompañarla a la parada de colectivo. Si no, no pasar nunca a buscarla porque se había quedado a dormir con otra que conoció en una fiesta y enterarse por haberlos visto salir del albergue transitorio. Cada uno tenía su estilo y su firma, y por eso tenían que pagar. Porque no se dice una cosa y se hace otra, porque no se lastima a la gente, porque no se destroza con el pie una torta de manzana, miel y canela recién horneada ni se dispara a los pajaritos que acaban de salir del huevo. Es inhumano y es cruel.
Sonrió una sonrisa fría y traviesa. El auto prendió sus luces, movió su parabrisas, se despegó del suelo unos 10 cm y se dio vuelta en el aire. Amelia parpadeó y el autó cayó, rompiendo todos sus vidrios y espejos, sin moverse de su lugar.
Un ladrido que venía de la escalera que comunicaba la cochera a la cocina la sorprendió. Un ovejero alemán inmenso y furioso le ladraba, anunciando que había una intrusa en la casa. Amelia le sonrió, lo miró fijamente con sus ojos radiactivos y le dijo:
--Mal chico, mal chico.
Instantáneamente dejó de ladrar y subió las escaleras nuevamente, tranquilo.
Amelia dio dos pasos para atrás, buscando la ventana encima del portón; la ventana que correspondía a su habitación. La luz estaba apagada. Sin dejar de sonreír, dio otro salto y se elevó por el aire, y manteniéndose firme, con el cabello furioso volando hacia arriba, mezclándose con su capa, lo vio a él, acostado en la cama escuchando música con auriculares, leyendo un libro. Y con un parpadeo de los ojos de Amelia, un relámpago inundó toda la zona como el flash de una cámara de fotos inmensa, un trueno hizo temblar la tierra, y la luz se apagó en esa casa. Pudo ver el cabello rubio de él, peinado con egoísmo moverse, mirando a su alrededor. Su computadora portátil se había apagado dejándolo sin música. Amelia vio que se puso de pie, mirar hacia la ventana y parpadear confundido, y supo que era tiempo de huir. Desapareció con el viento y volvió volando, por la ciudad de noche, en el medio de la tormenta de viento y relámpagos. Él nunca iba a reconocerla, porque seguro ya no pensaba en ella, y si lo había hecho, no había nada que pudiera decirle. Seguro pensó en ella por primera vez después de semanas de desaparecer, porque ni siquiera pensó cuando le mandó el mensaje, porque no era algo a lo que le hubiera dedicado tiempo o esfuerzo. Quizás no le parecía interesante, emocionante o eléctrica, no lo suficiente como para estar con él, pero ahora tenía algo que apasionante en lo que pensar y con lo que tener pesadillas.
Ya nadie le iba a romper el corazón a Amelia, y ella se encargaría de que él no se lo rompiera a nadie más. Es lo que ella hacía ahora. Una vez en la comodidad de su hogar, se puso su camisón blanco de encaje, se ató el largo e indomable cabello con una trenza y se fue a dormir, pensando en todas los corazones rotos que iba a recuperar esa noche y todas las noches, destruyendo hogares e hiriéndoles donde más les dolía, en honor a todas las chicas heridas y engañadas del planeta que por ella llamaran. Era una villana que bailaba en el territorio de una santa y golpeaba a Cupido en la cara con sus estúpidas flechas.
Una vez que se durmió, la tormenta se calmó, y el Sol salió a la mañana siguiente, listo para un nuevo día.

jueves, enero 5

Inmortales

Una de las primeras cosas que enseña la facultad, si no es incluso la escuela secundaria, es cómo presentar un tema, ante la primera pregunta de un docente riguroso. ¿Qué es la filosofía?, ¿Qué es una neoplasia?, ¿Qué es la fisiología? Aún sin tener demasiada idea, es una forma elegante de comenzar un discurso dividiendo a la palabra en partes y traducir en algún idioma antiguo del que se desconoce, para quedar como un conocedor de las artes, un amigo íntimo del joven Aristóteles. Mucho más seductor es si uno puede reírse con desdén de las nomenclaturas, fieles a viejas creencias como los humores del cuerpo o que el Sol gira alrededor de la tierra. ¿Cómo no seducir a un docente, entrando en calor con un poco de etimología, como si se tratara de sacudir la copa de ron antes de tomarla junto a la chimenea?

Palabras complicadas, de nombres largos, son fáciles de descomponer, después de todo los prefijos y sufijos tienden a repetirse. Pero iba corriendo por el césped y me atacó desprevenida una duda. ¿Qué significa la palabra "Amor"? ¿De dónde viene? Pude haber leído y oído miles de teorías, fundamentos químicos en el cerebro para explicarlo, psicológicos para comprender las grandes perversiones y patologías de la mente, biolóficos y, sin duda, filosóficos para entender de qué se trata realmente, pero no, francamente no tenía idea de qué significaba la palabra.

Investigué vagamente por internet, buscando si en algún lado se confirmaba mi primera suposición de persona que no estudia nada relacionado a las lenguas o los idiomas; "a", como ausencia o falta de, y "mor", parecido a mortis o mors o muerte o lo que más lindo quede en letra cursiva. Por supuesto, la internet se encargó de aclarar que esto es una falsa etimología o una idea errónea hecha por suposiciones de, justamente, gente que no sabe nada de nada, pero tampoco podía indicar la genética de la palabra.

Quizás no sea lo correcto o aprobado por la ciencia, pero tampoco lo son los signos del zodíaco y sin embargo un 65% de la población lo lee en el diario y un 80% sabe de qué signo es; después de todo, no sé qué relación puede tener la posición de Marte con mi personalidad, pero no puede ser una casualidad que amo el color rojo y soy enérgica como el fuego. ¿Qué tiene de malo considerar que el amor es la falta de muerte? ¿No es acaso la energía que lleva a los niños a buscar abrigo en sus padres, a los amantes a formar un ovillo humano cuando truena, a los guerreros a ganar todas las batallas y volver a sus casas con sus esposas, a los estudiantes a memorizar volúmenes para destacarse en sus profesiones y poder alimentarse a sí mismos y a sus hijos, y preservar un apellido por toda la eternidad hasta que un iceberg del espacio choque con el planeta?

Después de todo, corremos en círculos por todas partes, como murciélagos hambrientos, intentando buscar la fuente de ese aroma a quemado, de la chispa perfumada, de eso que nos alargue un poco la vida, que congele unos segundos y eternalice todos los instantes. La única razón por la que los jóvenes se arreglan  y buscan valentía en bebidas de botellas de vidrio y vagan por las noches, con música alta admirando luces, tal como hacían en los tiempos de los dinosaurios y Adán y Eva es, además de las justificaciones de la vida diaria y escapar de la rutina que acontece, encontrar aquella otra fuente de juventud eterna. Invertir latidos del corazón en una cafetería, tomando algo con esa persona incógnita, o besando a desconocidos en callejones oscuros, todo eso como una forma de quitar con un cuchillo la corteza de un árbol donde en su corazón no se espera otra cosa que la fuente de la pasión y la vida. Las miles de mariposas burbujeantes, las mentes hablantes y los amaneceres en la playa, como promesas de unirnos a aquella otra persona junto a la cual, cada instante, se perpetúa por siempre. Reírse en la cara de la muerte, porque ni ella puede acabar con esa magia, aún ni siquiera después de la vida.

martes, noviembre 22

Mediocre

Con el ruido de fondo de una ciudad que amanece y se va a dormir en horarios estrictamente rigurosos, es habitual dejar caer los párpados, alcanzar el paraíso de los ojos cerrados por unos segundos con patrón de ondas alfa en el cerebro y sentir el estrés de la vida cotidiano como un nivel de agua hasta el cuello. Es el momento de cruda honestidad, donde sólo está el silencio interno y la propia voz catalogando los avances en la vida.


Mediocre se considera, a pesar del mal uso de la palabra, a aquello de calidad media o "de poco mérito, tirando a malo", como muy ciertamente la RAE afirma. Es complicado usarla en una oración correctamente, sin embargo, porque está el peligro de aplicarla a quien no logra ganar o ser el mejor sin importar su esfuerzo. Un nadador que sale quinto en una carrera es mediocre? La chica que hace gimnasia artística pero no logra hacer un rondeau apropiado, o el que luego de mucho estudio logra aprobar con un 6 un examen muy difícil? Siempre está el otro que se sacó 8 y Michael Phelps, sí, pero eso no implica que el que no ganó no haya dado lo mejor de sí y no se haya superado a sí mismo. Hay un triunfo como final de la historia interna de cada uno y es prácticamente imposible juzgar a los que logran algo, porque después de todo, ¿Quién puede ponerse a decidir quién se esforzó más que el otro?

No ser mediocre está en superarse a sí mismo, en no conformarse con lo que se espera de uno sino en dar más que eso, o estar al menos dispuesto a intentarlo hasta la muerte. A pesar de todas las propagandas y fotos de deportistas talentosos, no es algo tan poco común no estar en el grupo de los non-achievers. Empleados que se conforman con dar el mínimo esfuerzo en su trabajo para hacerlo en el tiempo y calidad justas, sólo para no cansarse y quemar las energías en actividades sin valor, estudiantes que más que aprender, estudian para aprobar. Relaciones aburridas, teniendo como motivo de unión la falta de ganas de esmerarse en mejorar las cosas, de volver al mundo de los solteros o el lema de "no voy a encontrar algo mejor que esto, meh".

Es algo que nunca voy a entender. Es decir, no todos tienen la suerte de sentir pasión por la ciencia, o el arte o la curiosidad por el mundo. ¿Pero de qué se trata una relación si no es de amor, amor como el de Romeo y Julieta, amor que quema civilizaciones, amor hasta la vejez, amor sin histeria, sin egoísmo, más allá de las apariencias y hecho por haber sido buscado y encontrado, precisamente como uno lo quería? No, no se trata de sexo ni se trata de muy buen sexo o de "al menos lo tengo asegurado". El amor es hacia uno mismo por sobre todas las cosas, porque de eso se trata el instinto de supervivencia, y, después de todo, we live together and die alone. Y cuando se generan tormentas eléctricas al rozar la piel de otra persona que es todo eso y mucho más, y la loca sensación de "no puedo creer que alguien tan perfecto guste de mí", bueno, ahí está. Y eso se nota cuando se siente. Son los flashes que iluminan el cielo durante la lluvia.

Es eso o es nada. Voy a estar feliz estando sola buscando eso, hasta que lo encuentre, porque encontrarlo va a hacer que valga la pena. Y por eso me opongo a conformarme con cualquier cosa que encuentre y "pueda servir". No se trata de ser exigente, no se trata de que por estar sola no tenga derecho a "ponerme quisquillosa". Porque yo valgo algo y yo sé lo que quiero, porque tengo una vida y no pienso dejar de lado mis actividades para pasar el tiempo con algo que no es más que un insulto al concepto de una cita o relación o lo que sea, porque me niego a ser el plan B de algún pibe que me elige a mí porque su primera opción no estaba disponible, y me niego a elegir a alguien basándome en ese criterio. Porque el mundo está lleno de cosas que son mediocres, pero no voy a hacer nunca al amor una de ellas.

Y sí, por supuesto que sí, tengo el derecho a elegir con quién quiero pasar el rato.

lunes, noviembre 7

Actores y Guionistas

Se da vuelta por enésima vez el reloj de arena y comienza un nuevo día. Rutinas matutinas, música de fondo y la vida no es más que una película eterna donde cada uno es un personaje con un determinado rol en cada historia. El género de la película depende de cada uno. Algunos viven épicos melodramas, llenos de emoción y falta de sentido, mientras que para otros el despertador se ve como la intro de las películas de Marvel, con todos los comics shuffleando velozmente. Para otras mentes menos organizadas, quizás todo está visto desde los ojos de Tarantino, y deben correr a dedicarse a la cirugía para escuchar la música de Kill Bill a la hora de sacar un apéndice. Depende del rol asumido para cada película y en qué categoría de Blockbuster buscarla a la hora de alquilarse algo - allá, donde el kazaa era demasiado sofisticado para la gentuza - el guión va a tener un determinado contenido. Y sólo está en uno, a la hora de cambiar de película e ir a la siguiente parte de la saga, hacer un guión distinto.


Y tal vez acá todo se analice al revés. En realidad, ¿No están las películas o personajes basadas en historias individuales de muchos directores, guionistas y actores? ¿No es la representación de cada comedia romántica el final ideal de un corazón roto, o la forma emocionante de ver la vida para una película de acción? Eso explica por qué la vida puede ser tan esterotipadamente cliché para algunos. Héroes sin reales poderes pero que son especiales en el mundo, por azar, destino o una incómoda mezcla de ambos, destinados a estar solos, porque es el sacrificio que deben hacer por la humanidad, por los demás, por el bien. Villanos perdidos en sus historias personales, sus traumas y sus motivaciones una vez sensatas, eventualmente marchitas en la obsesión. Mejores amigos, actores de reparto y dobles que se cruzan por las calles y se entrecruzan en otras historias, sin saber cuál es su meta en una película hasta que se vuelven personajes principales en otras. Es en la vida donde hay que salir y exponerse, para ver en qué escena uno se encuentra con el personaje de otra serie, con sus motivaciones y persecuciones y, con una música de fondo, toda la trama cambia.

Y cuando la rutina no es más que rutina y nada cambia, no hay que olvidar que muchas historias comienzan con un relator de fondo que cuenta en sólo unos pocos renglones, cuán monótona era la vida hasta que apareció tal cosa, cuán rutinarias eran las desilusiones amorosas hasta que se formó una barrera impermeable de defensa que luego un argumento de amor irá a derrumbar, y cómo cada idiota que juega con el corazón de la superheroína en su misión de salvar el mundo y salvarse a sí misma de él dejó en claro que los hombres no eran nadie en quién confiar y que eran sólo simples mortales hasta que, algún día, eventualmente, aparecerá el superhéroe de otro comic, que con un simple uso de sus superpoderes podrá llevarla a la Luna y mostrarle que tuvo que haber pasado por todo eso para después terminar nadando por las estrellas con una suave melodía de fondo.

viernes, noviembre 4

Libertad

Un derecho innato, la calma a toda angustia, para cualquier especie que habita en el planeta, es la libertad. Quizás sea porque está codificado en genes provenientes de seres unicelulares, en forma de ADN circular extranuclear, el instinto a correr por prados verdes, jugar con las olas del mar y rodar por las montañas. ¿Y no es acaso todo lo que hacemos un intento desesperado para obtener esa libertad, la brisa sobre el cabello al correr a toda velocidad? ¿Cómo es que en nuestra desesperada búsqueda terminamos siendo prisioneros?


Esposas invisibles y calabozos decorados con arco iris y cachorritos. No necesariamente una cárcel infeliz, ya que el que entra lo hace voluntariamente y con alguna fuerza impulsora es capaz de cerrar las puertas con llave. La cárcel no tiene rejas, es sólo una habitación o un micro en el cual uno apoya se cabeza viendo a las vacas y las luces intermitentes amarillas en el suelo, como signo de la velocidad del vehículo, conduciendo al destino que uno elige. Sólo cuando se alinean algunos planetas y sus satélites, o simplemente al azar, uno reconoce que, en el mundo de las metáforas, es totalmente factible abrir la ventanilla, saltar y salir volando.

martes, septiembre 6

Corazón con agujeritos

Nadie puede realmente caminar por este mundo sin llevar en su mochila el recuerdo de un corazón roto. Ninguno que hable del dolor, de la tristeza, del cansancio, de la rutina y la ansiedad tiene derecho alguno a hablar de la magnitud de su sufrimiento si no experimentó nunca la sensación de ardor de ojos, falta de aire, calor en las mejillas y un vacío en el estómago, en el contexto de un mundo que se derrumba mientras sigue girando sin que nadie se de cuenta de qué pasa.


No se trata necesariamente de que todos sean miserables por eso ahora; Hasta los amantes más felices observando a la tierra desde el planeta a elección pueden cerrar los ojos y recordar aquella vez donde el mundo estaba hecho de hielo y sin aire. Es parte de una de las experiencias de la vida; como el trauma del parto donde uno se asoma a un mundo lleno de médicos, gritos y estrés, caerse de la bicicleta y lastimarse o tener varicela. Nos unen a todos como seres de una misma especie, al menos en estos tiempos. Los más afortunados quizás lo vivieron una sola vez, otros un par más y para otros es la única versión de amor que pueden encontrar. Es que es complejo; Evitar cualquier tipo de sufrimiento requiere no sólo suerte, sino cierta habilidad para poder prever situaciones que, incluso si se puede con el uso de la razón, tienden a ocurrir por una fuerza más fuerte que escapa la voluntad. Justamente, una cosa buena para aprender de cada corazón roto y que no debe olvidarse nunca es ver las formas en las que eso se pudo evitar y cómo uno pudo salir para finalmente reponerse.

De todas formas, hay tipos y tipos de corazones rotos. Están los que vienen de un amor correspondido, y los que son unilaterales. Los que son por estar en segundo lugar, los que surgen por no estar en ninguno; los que tienen como límite la distancia entre dos continentes, la línea entre la vida y la muerte o la voluntad del otro, más fuerte que los anteriores. Pero no se compara, ninguno de ellos, a aquel que fue hecho en la niñez o pubertad, cuando las hormonas todavía no circulaban pero el organismo comenzaba a sospechar que había algo latente, en silencio, esperando la señal para florecer como árboles en primavera.

Es fácil de ver las dificultades de encontrar la felicidad con otra persona en un mundo con obligaciones, subtes llenos de gente, facturas por pagar y exámenes que se acumulan cada cuatrimestre. Es sensato, es lógico. Lo que uno busca, lo que el otro busca, lo que uno puede ofrecer. Es casi como buscar un departamento para ir a vivir, y no sólo está la zona, el precio sino todo lo que hay que vender y cuántas horas extras para trabajar para pagarlo. Más allá del dolor que ataca en la punta del nervio que gira alrededor del corazón y lo ahorca, es bastante comprensible cómo funciona estar mal en las situaciones del cuore.

¿Pero cómo se explica el amor no correspondido, la separación de los cuerpos cuando no existe esa necesidad física o química, donde el cariño es puramente genuino sin la lujuria enturbiándolo, en un mundo donde sólo existe la escuela primaria, la magia es real y los pasatiempos incluyen jugar con autos o muñecas? No está la libertad para tomar decisiones, ni la capacidad de entender las cosas, ni de hacer planes, ni siquiera el concepto de amistad que acompaña a superar el dolor, ni el de conocer a otra persona, mucho menos el de olvidarse de todo con alcohol o dedicarse al trabajo o lo que sea. No hay nada más. Es un mundo mágico donde las cosas suelen pasar por sí solas - un plato de comida, una torta recién horneada, un regalo para el Día del Niño, sin ningún esfuerzo, casi por inercia - no se puede hacer nada para conseguir el amor de este otro infante, y es disecante, es tenebrante, es espantoso.

Tal vez no le pasó a todos esto de tener un crush a los ¿8, 9, 10 años? Tuvieron suerte, entonces. No conocieron esa forma horrible de vacío que genera la soledad a esa edad, pero tampoco esa curiosa sensación calurosa de bienestar inexplicable previo a las hormonas, donde estaba sólo esa necesidad de que ese chico guste de mí, sin saber realmente para qué me servía eso, sin pensar en progenie ni evolución, donde solamente quedaba pensar en él, reirme de sus chistes y esperar que me tire del pelo cuando izaban la bandera.

miércoles, agosto 17

Son tantas las historias que ocurren día a día, tantas las noticias que se informan en el aire, desde chimentos de pequeños pueblos hasta titulares de los principales diarios de cada país. Grandes peleas entre distintos políticos que defienden a muerte sus estrategias, exámenes revolucionarios donde cantidades masivas de estudiantes estallan mientras completan con lápiz 2B las grillas de un choice y maratonistas logrando el primer lugar en tiempo récord. En distintos lugares del planeta hay, para grupo etario, un gran logro, impulsado por una energía que va más allá de la proporcionada por un buen aporte calórico de un desayuno completo; es una energía que viene del interior de cada uno, y es distinta en cada persona, pero ciertamente, sin duda, nos maneja a todos como títeres en un concierto.


Nadie puede realmente definir qué es una energía, aunque podríamos citar a los libros de texto de la secundaria diciendo que es todo aquello capaz de realizar un trabajo. Y ése trabajo no es más que la vida, la rutina, las grandes obras de arte, amantes recorriendo el mundo para encontrarse, torres de 50 pisos con fachadas majestuosas, correr al colectivo antes de que huya de la parada. Hay tantas chispas invisibles en el paso de cada hombre, en cada pensamiento en su cabeza que uno podría electrocutarse de sólo caminar por la vereda.

Pero se lo puede sentir, al abrigarnos a la noche a la hora de ir a la cama, inspirándonos con condicionales y sueños, impermeabilizando las gotas de lluvia en nuestra frente, dejándonos apostar todas las fichas en un juego donde no hay estrategia válida más que el azar. Tantos corazones se pintan como símbolo del amor, porque es la forma más parecida de decir que sale de adentro y que salta por nuestras arterias, trepando por nuestras venas y saliendo como calor por nuestra piel. ¿Amor a qué? Amor a la vida, amor al amor, amor a algo tan blanco y poderoso que es demasiado grande para verlo o comprenderlo, pero de alguna manera ejerce un magnetismo entre nosotros, obligándonos a pegarnos unos a otros sin entender realmente muy bien por qué. El hombre como ser racional puede ponerse gafas oscuras para el sol y nombrar cada fenómeno aconteciendo con el nombre de una constelación, pero nadie realmente puede explicar de qué se trata.

Y este amor va más allá de lo opuesto a la indiferencia, porque no se trata de eso. Es una fuerza que da calor y mata y da vida, la forma benévola del odio, que también existe en aquellos que no tienen otra opción que volcarse en la locura y correr en círculos hasta toparse con un precipicio. Está en todos y existe hasta después de la vida, devorándonos desde adentro. Es la belleza, la inspiración, la energía en nosotros lista para transformarse en lo que sea.

viernes, agosto 5

Upgrade

Es un tema de discusión habitual en el monólogo silencioso de cada uno "el miedo". Si no es cierto que vivimos persiguiendo aquello que nos puede generar equilibrio en algún punto del infinito -porque jamás, jamás, hay que llegar el equilibrio, para mantener la cordura y la vida- motivados por una pulsión primitiva de amor o erotismo puros, entonces estamos huyendo de algo que nos atemoriza. Parte también de un instinto anticuado de supervivencia que por alguna razón se mantiene generación tras generación.


Pero hay dos tipos de miedo. Está el miedo ridículo o inevitable, aquel miedo que no tiene nada que ver con nada y que la única manera de superarlo es, bueno, superándolo. Porque viene nada más de enfrentar una situación en particular, anulando a la otra posibilidad. El pánico ante un examen se desvanece estudiando y aprobando. El miedo al caminar a la noche en una calle oscura desaparece al llegar a salvo a destino. El miedo a un examen de sangre se esfuma al ver que todos los valores dieron en el rango de la normalidad. Este miedo simplemente está, y se supera o con gran heroísmo, juntando otra historia de valentía a la colección de vivencias personales, o lentamente, requiriendo mucha energía para dar pequeños pasitos de bebé. De cualquier forma, para la cabeza saludable, el motivo de angustia desaparece, ya no existe.

Y está el otro miedo. Aquél miedo que no es algo entero, sino una mitad turbia, el lado oscuro de una fuerza que es aquella burbuja de todo lo Potencial, donde el tiempo verbal es el Condicional y sólo se observan posibles evoluciones futuras. Porque al ver adelante y considerar cualquier hecho que pueda tener consecuencias, hay dos posibilidades; La buena, la optimista, la luz, la que motiva a los hombres a caminar 40 años por un desierto o a un hombre en un bote remar y pescar por semanas hasta encontrar tierra firme, que es la ilusión. Abrigando a todos por la noche como una manta de seguridad donde todo lo bueno que podría pasar en el mundo, pasa en este momento de imaginación. Y la mala, la oscura, la gemela malvada; el miedo. Situaciones imaginarias que son arruinadas por miles de escenarios catastróficos. Es inevitable que una venga con la otra. Es una forma del universo de balancear dos fuerzas de direcciones opuestas, porque no se puede servir medio vaso de agua sin dejar una mitad vacía.

A diferencia del miedo oportunista, éste no se puede superar sin conseguir otro de mayor magnitud. Al atravesar las dudas oscuras y acercándose la realidad a la versión bonita de las cosas, tal vez aquello que preocupaba en un primer momento ya quedó atrás, pero fue a buscar a su hermano mayor que es rugbier y tiene un fierro y amenaza con derribar todo lo cumplido haciendo el daño peor al que hubiese habido si todo quedaba como estaba en primer lugar. Un comerciante puede tener miedo de que su emprendimiento no pueda arrancar, pero cuando lo hace y llega a ser el líder en el mercado, está arriesgando quebrar y perder más dinero del que ganó. O una persona que está sola y tiene miedo de vivir así toda su vida puede conocer a alguien que la elige como compañera, y ahora el pánico está en el abandono o el engaño. O incluso si todo sale bien y se casan, ahora el miedo está en un divorcio futuro catastrófico en el mejor de los casos, porque la manera más tradicional de disolver un matrimonio es con la muerte. Van mejorando las situaciones y, a mayor gloria, mayor pena.

Uno a veces se puede parar donde está a ver sus preocupaciones y reírse cuando en la primaria temía ser el que buscaba en las escondidas por todo el recreo. El miedo avanza con uno porque es la sombra compañera, pero es importante recordarle que éso es nada más, porque si uno llegó tan lejos, aparentemente, las cosas pueden, de hecho, llegar a salir bien.

lunes, julio 25

Fidelidad

Es claro que la lealtad es todo un tema en una pareja. Naturalmente, una relación con otra persona es un vínculo primitivo y tenerla es abrir un cajón donde afloran las neurosis de eventos tempranos en la vida que nos terminan marcando por siempre. Un enlace cuya naturaleza dependerá de la integridad de los átomos que la conforman.

Porque desde el comienzo, hay un acuerdo mutuo. Se firma un contrato tácito en el que ambas partes se comprometen a seguir una serie de pautas. Cada relación es un mundo, pero los temas a tratar incluyen, entre otros:
I. Lealtad
II. Respeto
III. Confianza
IV. Una visión compartida del futuro
V. Compromiso
VI. Determinación
VII. Exposición clara de obstáculos de cada una de las partes
VIII. Etcétera.

Y una vez acordado, se genera un marco de seguridad donde las dos partes pueden abrirse y mostrar toda la luz de su persona al otro, y, sin formar una unidad en sí y no perder la identidad, pueden ser un equipo que camina en la misma dirección. Es un manto muy delicado que los protege, y que hay que respetar para evitar que las cosas no se desmoronen y haya pedazos de cada uno flotando en el medio del espacio.

Es por eso que para poder huir de todo ese halo de proyección de todos los temores y deseos de otra persona y escabullirse debajo del paragüas de un tercero no sólo requiere un gran gasto de energía, pero también un placer en la destrucción de la otra persona que no podría ser más correcta su calificación como sadismo. ¿A qué clase de alma no podría torturarle la idea de quebrantar, a sabiendas, la confianza y el amor en su forma más pura del otro, y hacer de eso un hábito? Una segunda vida, una segunda cara. De día, el novio perfecto, la chica más dulce del mundo, pero de noche se convierte en una bestia que acuchilla a su amante por la espalda cuando se inclina a darle un beso de las buenas noches. Porque debe ser un esfuerzo muy grande fingir abrirse con alguien mientras al otro se le manda un mensaje de texto preguntándole cómo le fue en un examen y que no tiene que tener miedo.

La infidelidad como estilo de vida no es sólo romperle el corazón a otra persona, es un estilo de sociopatía que juega con la cabeza de la persona que clamás querer más que a nada en el mundo. ¿Qué se puede ganar haciendo eso, además de incendiar el plan de vida juntos, además de meterse un cuchillo en el bazo? Porque el engañado puede preguntarse cómo pudo confiar en él, pero el que engaña tendrá que vivir con la mochila en su espalda de qué mierda le pasó en la vida para terminar siendo eso.

Karma Karma Karma

Pensar que porque haga cosas buenas me pasen buenas cosas es como pretender que un oso no me coma por ser vegetariana. Es cierto. Es poco lógico proceder a pensar de esa forma.

Pero a veces el universo tiene esta manera divertida de demostrar que, si no es el karma que está detrás de todas las cosas, entonces cada día que llueve, miles de gotas de ironía caen por encima del agua y se evaporan por el aire, llenando los rincones de cada habitación y todas las esquinas de la ciudad, decorando todas las situaciones que las toman como escenario.

 

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